Jennifer Abaul,
Cabello rojo,
Como el fuego que hay,
Y esta congelado dentro de tu cuerpo,
Admiración,
Es lo que por ti siento.
Gran respeto y aprecio por tu valentía irreverente de apostar a ti, cada
momento aunque a veces te quiebre las amargas chispas que te transmiten
los pudores heredados en otras mentes.
Cierto,
Que congelas tu eternidad en fotos,
Pero eso no es lo que en ti veo,
Lo que veo es a una dama,
Valiente,
Que esconde en su aparente perfección unas lágrimas saladas por fuera y ardientemente dulces por dentro.
Lunares y pecas que buscan tapar tus problemas y juegan a disfrazar tu cuerpo.
Quizá no he conversado nunca contigo,
Pero es tanto mi respeto que puedo decir sin temor a consecuencias que te quiero,
No como un alarido hipócrita del que no esta acostumbrado al sexo sin sentir y sin alma,
Sino desde el modo más platónico posible,
Como cual niño enamorado del personaje de una película, o mejor de un cuento.
Me atrevo a escribir con mi puño de fuego a pesar de lo tímido que soy y
de lo profundamente intimidador que es para mi tu personaje.
Pero siento que tienes que fingir querer a muchos hombres que son pesados,
Son tan tontos e ignorantes,
Que no son capaces de ver que tu belleza externa es un puente que hizo Dios para llevar hasta tu corazón,
Si es que quieres llamar así a esa parte de ti, profunda e infinita que
se esconde entre tus llantos y sonrisas y que muchas veces ni los que te
aman y viven cerca de ti se dan cuenta.
Pero ya me estoy extendiendo,
Y esta carta no tiene otra finalidad que decirte que además de erecciones puedes inspirar sentimientos más eternos,
Esos que las cámaras no pueden capturar y los orgasmos no pueden hacer olvidar.
Con mucho cariño,
Te dejó un papel en blanco,
Lleno de besos.
Que no van destinados a tocar tu cuerpo,
Sino a secar tus lágrimas si alguna vez transitas por amargos recuerdos,
Y sé que lo necesitaras,
Así como yo necesite escribirte esto.
Tu vida no es fácil,
Pero vamos,
Si un poeta se quema una noche por ti,
Regalale el placer de verte sonreír.
Con cariño, para la mujer conejo.
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